viernes, 31 de marzo de 2017

Porqué tenemos que ir a Colliure (por Mireia Esteva)

El homenaje que haremos a Antonio Machado es también un homenaje a todos esos demócratas que creen en un mundo dónde la pluralidad es un valor, donde la libre expresión de las ideas es un bien a preservar. Queremos agradecer a los que  anónimamente están enterrados lejos de sus seres queridos, por luchar por valores que aún necesitan ser defendidos


El próximo 2 de abril, un grupo de Federalistes d’Esquerres de Badalona ha organizado una visita al cementerio de la población francesa de Colliure con el objetivo de rendir homenaje a Antonio Machado, que está enterrado en él.
¿Por qué se nos ocurre irnos a Francia a hacer un homenaje a Antonio Machado? Es muy sencillo: esa tumba sencilla situada en un pequeño cementerio de un lugar situado a solo 26 kilómetros de  la frontera española representa la diáspora del exilio español. Ese pueblo situado en la falda de los Pirineos, frente al mismo mar que baña nuestros pueblos del otro lado, y con la misma tramontana que la nuestra, no sólo acoge a un gran escritor español, que lo fue.
Machado también representa a esos miles y miles de refugiados españoles que tuvieron que huir porque defendieron un gobierno democrático frente al golpismo nacionalista homogeneizador de pensamiento único, que se adueñó de España a la fuerza. Ese nacionalismo que influido por las corrientes nacionalistas que recorrían Europa, representadas por Mussolini en Italia, por Hitler en Alemania, por el gobierno de Petain en Francia y por el gobierno de Salazar en Portugal, en España se materializó en el nacionalsocialismo  de Falange y Primo de Rivera y por el franquismo.
El nacionalismo español, defendido por la mayor parte de la iglesia, por caciques y terratenientes, tuvo miedo a perder los privilegios durante la República y no dudaron en levantarse contra el gobierno elegido democráticamente. Lucharon a favor de la República la mayoría de jornaleros y trabajadores, maestros, filósofos, literatos, científicos y librepensadores, que en muchos casos dieron su vida sin zapatos frente a un ejército bien pertrechado.
El nacionalismo homogeneizador franquista era centralista y totalitario y perseguía hasta la aniquilación al contrario. Definía, encasillando en roles predefinidos como era la mujer y el hombre, como debía ser una familia, como había que educar, que religión había que tener y como se debía adoctrinar en las escuelas. Porque el nacionalismo define quien es buen patriota y quién no. Al que no lo es, ni agua. El nacionalismo intenta homogeneizar a la población, construye patria y nación, clasificando a los ciudadanos en buenos y malos patriotas, según se ajusten o no a esas definiciones. El nacionalismo utiliza cualquier medio a su alcance para conseguir sus objetivos y la lucha por el dominio de su territorio está por encima de los derechos ciudadanos.
Al otro lado de la frontera vino Antonio Machado en enero de 1939, como muchos otros, con su madre enferma, con su hermano y cuñada.  Huía de Barcelona, ante la entrada de las tropas franquistas, donde se hallaba refugiado, habiendo huido antes del terrible asedio que vivió Madrid. En esa larga cola de gente que huía hacia la frontera se juntaron ricos y pobres, niños y abuelos, gente del norte y del sur, gente de la costa y del interior. En esa cola, huía la gente arrastrando a sus familiares enfermos y heridos. En esa cola huían casi sin nada, casi medio millón de personas, dejando atrás, mal enterrados a sus muertos, dejando atrás, sus vidas, sus casas, sus fotos. Esa gente que huía, hambrienta por el continuo asedio, aceptando la derrota, fue continuamente bombardeada hasta llegar a la frontera, dejando innumerables muertos en la cuneta, dejando sus mudas y sus carnes esparcidas por el campo. Preludio del sufrimiento de los ciudadanos que defendieron la democracia, en las poblaciones ocupadas por los golpistas nacionalistas.
Machado, cuando llegó a Francia, solo tenía dinero para sobrevivir un mes. Pero no lo necesitó porque estaba exhausto. Murió de pneumonia en un cuartito de pensión y a los pocos días murió su madre, a la que estaba cuidando. En ese cementerio, en la misma tumba están los dos. Sabemos dónde están y podemos rendirles homenaje. Hoy en día, mucha gente todavía no sabe dónde están sus muertos de esa guerra que no acabó con la victoria de Franco en 1939, sino que se alargó muchos años después, en una larga oscuridad que envió a republicanos a las cunetas sin juicio, o a trabajos forzados para reconstruir la España que los golpistas habían destruido, que obligó a emigrar de sus pueblos a gentes que se morían de hambre porque a un republicano no se le daba trabajo.

Sirva el homenaje que hacemos a Antonio Machado también como homenaje a todos esos demócratas que creen en un mundo dónde la pluralidad es un valor, donde la libre expresión de las ideas es un bien a preservar y también de agradecimiento a los que  anónimamente están enterrados lejos de sus seres queridos, por defender valores que aún ahora necesitan seguir siendo defendidos. El nacionalismo que fue durante la primera mitad del siglo XX, ahora vuelve adquiriendo nuevas formas y discursos, pero sigue queriendo levantar fronteras entre las gentes y homogeneizar a los ciudadanos, por eso algunos que tuvimos familiares o conocidos en el exilio, queremos hablar bien alto y claramente decir que las ideas no se fueron, que seguimos aquí e iremos a Colliure para recordarlos.

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