viernes, 11 de agosto de 2017

Pueblo, himnos y camisetas (por Toni Sitges Serra)

En Catalunya, la mayoría queremos seguir disfrutando de una convivencia pacífica. Apelar a la homogeneidad reivindicativa de los ciudadanos que vivimos en Catalunya es una más de las artimañas que nos depara el lenguaje soberanista. Aquí hay de todo, para bien de la democracia



¡Ya está bien! Hasta aquí hemos llegado. Basta de invocar al “pueblo” para legitimar la radicalización del independentismo. Aquí nadie es “pueblo”: apelar a la homogeneidad reivindicativa de los ciudadanos que vivimos en Catalunya es una más de las artimañas que nos depara el lenguaje soberanista. Aquí hay de todo, para bien de la democracia. Nadad de la Libertad guiando al pueblo de Delacroix, por favor. Nada de asaltos a La Bastilla, por favor. 
En Catalunya, la mayoría queremos seguir disfrutando de una convivencia pacífica de la que hemos hecho gala y ejemplo durante tantos años. Nada de “borrón y cuenta nueva”, por favor. Menos aún cuando se pretende arrastrar a más de la mitad de la ciudadanía que vive en Catalunya a una aventura de la que se ignora itinerario y destino. Por cierto, nada de “unidad de destino”, por favor. Aquí no estamos para vestirnos todos con la misma camiseta en desfile desafiante. Nada de uniformes, por favor. Nos ha costado mucho –y quizás no hayamos llegado todavía- alcanzar el respeto a las diferencias y al pluralismo político para que ahora unos pocos parlamentarios por encima del 50% pretendan pasar página y llevarnos a un nuevo Estado uniformado sobre las inventadas esencias de un pueblo marcado por la gracia histórica. Nada de uniformes, por favor. Menos aún de himnos y banderas. ¡Oh, no! Otra vez no. Eso si que es pantalla pasada de televisión de blanco y negro, y de los documentales que testimonian momentos en que la historia muestra sus peores registros. Qué pena tanto chaval y chavala joven redescubriendo esencias patrias donde asentar ideas ajadas por el uso que de ellas han hecho los peores años de Europa. Demasiado sentimentalismo de romanticismo rancio que invita a la división y a la solución binaria de conflictos complejos. Conmigo o contra mi. Azul o rojo, Unionista o soberanista. Favorable o no favorable a la causa.  
Otra vez no. Todo abierto en canal por la testarudez y el encono de suicidas políticos. Todo triturado por la única causa por la que es digno luchar; luego, vencidos o derrotados, ya veremos. Lenguaje guerrero: hasta la cárcel y lo que sea. Pacata, patética, ridícula mímesis del bueno de Allende. Suicidas políticos que pugnan por arrastrar en su caída a la duda razonable y a cualquier otro considerando; suicidas en pos de un horizonte de teletubis donde ya no habrá llanto ni el crujir de dientes. ¡Pero si esa página la hemos pasado! No hace tanto que se nos vendieron todo tipo de sociedades ideales sobre la base de que la realidad es vomitiva y que aquí estamos nosotros para enmendar el entuerto. Por suerte esas felices utopías, ahora reivindicadas –paradójicamente- por los nuevos adalides de la libertad y de la democracia, ya no forman parte, no pueden formar parte, de un  programa político plausible y creíble. ¿Quién puede, quién osa creer, que los dirigentes independentistas y sus adláteres movilizadores de masas sean nobles garantes de un futuro país idílico? Pero, ¡si ni siquiera hemos votado a nuestro President! Hace años que el Govern sólo piensa en el driblaje legal, en jugar al ratón y al gato, rechazando arbitrajes y llamadas a la calma. Hace años que recortan y a pesar de ello Catalunya tiene un déficit monumental. La pobreza infantil avanza a pesar de que ya contamos con 32.000 millonarios catalanes. En lo que llevamos de 2017 los turistas nos han dejado más de 8.000 millones de euros que los mileuristas (o menos) no acaban de ver. Mal. ¿Referéndum a la brava? Mal comienzo para una nueva Icària (ahora con acento grave) que quiere nacer pasándose de lista. Mal presagio. La democracia se funda en el voto pero éste no siempre funda la democracia. ¡Mucho cuidado con invocarlo como instrumento totémico! Cuántos ejemplos hay de democracias hundidas por el voto, o si más no, seriamente amenazadas. Podemos remontarnos a los votos favorables que obtuvieron los “republicanos” nazis o fascistas. Pero sin llegar a este extremo tenemos justo enfrente a otros populistas estilo Trump, Farage o Putin (¡cuya popularidad en Rusia solo es segunda después de Stalin!). Podrían citarse otros muchos ejemplos de caudillajes populistas que han terminado la democracia a través del voto de masas enardecidas por el discurso del “punto y aparte”. Es probable que se imponga una tregua inspirada en el sentido común, y las urnas no salgan a la calle en Octubre. Pero si salen en plan folclórico, ni verlas. A veces, por su propia salud, la democracia exige la abstención.

lunes, 31 de julio de 2017

No pediré perdón por ser sindicalista y federalista (por Ovidi Huertas)


Es imprescindible que se inicie un movimiento federalista que sirva también para subrayar que son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Desde el movimiento obrero debemos explicar a los trabajadores y trabajadoras en los centros de trabajo nuestras tesis y hacer que la nula negociación actual se transforme en un proceso de diálogo y negociación con el objetivo de dar paso a la reforma federal 


(Intervención de Ovidi Huertas en la presentación del manifiesto Sindicalistas y Federalistas el 27 de julio de 2017)



Buenas tardes soy Ovidi Huertas de CCOO y no pediré perdón por ser sindicalista y federalista.
Recientemente con motivo del XI Congreso de CCOO de Cataluña, se hicieron públicos los resultados de una encuesta interna entre los afiliados y afiliadas a CCOO. Esta encuesta reflejaba que la afiliación de CCOO se decanta más por un modelo de estado federal que por la independencia, y si sumamos los constitucionalistas y autonomistas el resultado es un 60% de no independentistas.
También, y esto no se ha destacado suficientemente en ninguna parte, la encuesta dice que las principales preocupaciones de los trabajadores/as afiliados a CCOO son el paro, los salarios, la pobreza, la corrupción, las pensiones, la sanidad, la educación. Y es contra esta lacra social contra la que como sindicalistas luchamos cada día.
Estamos ante una sociedad que cada día tiene más problemas de subsistencia y de pobreza y donde mayores y jóvenes son diariamente explotados y/o marginados por el sistema. Todo esto tiene nombres. Capitalismo, neoliberalismo, etc. Aquí se llama PP & CiA, la reforma laboral del PSOE primero, pero sobre todo la del PP de 2012 hicieron del mercado laboral un territorio desregulado totalmente, intentaron cargarse la negociación colectiva para anularla con la complicidad interesada de la CEOE y las empresas del IBEX.
¿Y quien fue el único socio parlamentario del PP para sacar adelante la Reforma Laboral? CIU que ahora se llama PDCAT.
Estos y sus socios son los que lideran un gobierno que nos quiere llevar a la tierra prometida, el paraíso. Estos son los mismos que fueron campeones europeos en recortes sociales y continúan aprobando presupuestos en el mismo sentido, muy por encima de la media española, estos son los mismos del 3%, ITV, Palau, Andorra, todo muy presuntamente claro.
Son los mismos que nos insultan y cuestionan a quienes no comulgamos con su credo y que quieren darnos lecciones de democracia y de lucha, lecciones a algunos que venimos de una tradición de lucha, primero contra el franquismo, en la clandestinidad, con encarcelados, represaliados y muertos, y que seguimos luchando hoy contra la clase política y empresarial de derechas que quiere seguir explotando y que se aprovechan sin escrúpulos de la reforma laboral llevándola al límite.
Otro tema muy diferente es hablar del agotamiento del modelo constitucional de autonomías y de los acuerdos del 78, acuerdos que hace tiempo demuestran que ya no tienen recorrido ni sentido. Esta España ya no es la España post-franquista en blanco y negro, ahora necesita un sistema sociopolítico diferente, necesita urgentemente una reforma constitucional para ir hacia la República Federal Española antes de que nos hagamos daño por el bien de una bandera o de un himno sin tener en cuenta a la gente.
¿Por qué apostamos por una España federal?
Queremos una España federal en el marco de una Europa federal y socialmente justa. En Cataluña, en estos últimos años se han ido acumulado muchos agravios y torpezas políticas que no han hecho más que engordar las filas del independentismo, muchos de los independentistas de hoy no lo habían sido hasta hace pocos años.
Desde la desgraciada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto (denunciado por el PP) hasta los reiterados incumplimientos de los sucesivos gobiernos españoles en materia de inversiones, todo ha sido un despropósito político interesado por ambos bandos, pero ni Cataluña es sólo JxSI/CUP ni España es sólo el PP, hay matices afortunadamente.
Nosotros creemos que no hay suficientes razones para desfallecer y creemos firmemente en una solución pactada, y que, en cualquier caso, la alternativa de la secesión es enormemente inquietante y peligrosa para la cohesión social. Llevar a la sociedad catalana a un proceso rupturista con la sociedad dividida puede ser muy perjudicial sobre todo para los más débiles: la clase trabajadora.
En este sentido, es imprescindible que se inicie un movimiento federalista al margen de los partidos en Cataluña y en España que sirva también para subrayar que son más las cosas que nos unen que las que nos separan, porque el planteamiento federal ajusta a nuestros principios de libertad, igualdad, justicia, solidaridad y fraternidad.
Porque el planteamiento federal se ajusta al mundo en que vivimos, definido por interdependencias crecientes y soberanías compartidas. Los grandes países de Europa y del mundo son repúblicas federales mayoritariamente.
Porque creemos que identidades diferentes no justifican levantar ni barreras ni fronteras entre personas. Podemos convivir en un mismo estado organizado de forma federal, cada uno con sus características diferenciales históricas, culturales de lenguaje etc.
Porque el estado-nación está obsoleto para hacer frente a los grandes retos del siglo XXI como la desigualdad, la pobreza, el cambio climático o la inestabilidad financiera internacional que gobierna el mundo como un títere. Vivimos en un mundo globalizado y por eso necesitamos soluciones compartidas y coordinadas, necesitamos estados fuertes, con gobiernos progresistas, sindicatos europeos y mundiales más unidos y fuertes, la atomización no lleva a ninguna parte y siempre es peor para los más débiles, la clase trabajadora.
La solución al conflicto entre Cataluña y España puede y debe encontrarse a través del diálogo, la negociación y el pacto, y el federalismo es diálogo, negociación y pacto.
Diálogo, negociación, pacto, y movilización, esto es la ABC del sindicalismo de clase, por eso estamos hoy aquí, federalistas de CCOO, con los compañeros y compañeras de UGT y USOC, porque al margen de pequeñas diferencias todos y todas somos sindicalistas y nos une la lucha por alcanzar un estado federal, la República Federal Española.
Pero esto no caerá del cielo, nuestra tarea es difícil, el ruido mediático del proceso lo tapa todo, es desde el movimiento obrero que debemos empujar para explicar a los trabajadores y trabajadoras en los centros de trabajo nuestras tesis y hacer que la nula negociación actual se transforme en un proceso de diálogo y negociación con el objetivo de reformar la Constitución del ’78 y dar paso a la reforma federal.
¡Muchas gracias!

lunes, 17 de julio de 2017

La cuestión catalana (por Francesc Trillas)

La evolución de la cuestión catalana va a depender de variables como la evolución a su vez de la política española, de la política europea e internacional, y de la fuerza y cohesión del independentismo (este artículo es un extracto de 'La cuestión catalana: hechos, escenarios y evolución deseable' publicado por la Fundación Friedrich Ebert)    





La fragmentación política de Cataluña es el reflejo de una realidad social, sociolingüística, geográfica y económica compleja y plural. La mayoría de los ciudadanos de Cataluña tienen el castellano como primer idioma, aunque especialmente entre las jóvenes generaciones la inmensa mayoría es totalmente bilingüe (además de producirse un peso creciente de población extranjera inmigrada). Las familias que tienen el catalán como primera lengua son hegemónicas fuera del área metropolitana de Barcelona, en las zonas que tienen un mayor peso parlamentario debido al sistema electoral vigente y donde hay un mayor número de municipios (más de 900 en el conjunto de la comunidad). El independentismo es muy mayoritario entre los votantes catalanoparlantes y no lo es entre los que tienen el castellano como primer idioma, muchos de ellos descendientes de los trabajadores que emigraron a Cataluña desde el resto de España en los años 1960 y 1970. El catalán es la lengua principal del sistema escolar desde los años 1980, tras décadas de predominio del castellano, que era el único idioma oficial en la dictadura franquista, aunque su uso fue promovido por las élites desde siglos atrás. El idioma castellano sigue muy presente entre la sociedad catalana por la inercia familiar, y por su peso en los medios de comunicación, el cine y las redes.
Cataluña es un caso paradigmático de uso de los medios que confiere un sistema descentralizado para promover un movimiento secesionista. En Quebec y Escocia el ascenso del secesionismo también fue impulsado por gobiernos sub-centrales con poderes relevantes. En Cataluña sin embargo se han producido tendencias más inquietantes todavía al producirse un abuso partidista escandaloso de los medios de comunicación públicos dependientes del gobierno autonómico. La mayoría independentista además juega permanentemente al límite de la legalidad intentando ir más allá de los límites constitucionales, mientras se somete a la población a una división social (que de momento no ha derivado en enfrentamientos violentos) provocada por la promoción propagandística constante de un marco mental nacionalista, con pocos precedentes en la historia de Cataluña. La actitud del PP y el primer ministro Mariano Rajoy de momento ha sido de cumplimiento escrupuloso de la legalidad, pero sin abordar los problemas políticos de fondo que están en la base del desencuentro entre una parte importante de la ciudadanía catalana y el conjunto de España.
La evolución de la cuestión catalana va a depender de variables como la evolución a su vez de la política española, de la política europea e internacional, y de la fuerza y cohesión del independentismo. La estrategia de los líderes secesionistas será intentar reforzar la idea de que un referéndum de autodeterminación es un derecho democrático obvio, pese a que no cabe en el marco constitucional español, como no cabe en el de la inmensa mayoría de las democracias desarrolladas. Un referéndum como el de Escocia agravaría la división de la sociedad catalana y reduciría todavía más la cohesión y visibilidad de los proyectos de izquierda y centro-izquierda.
La tensión que producirá esta reclamación seguirá tensionando probablemente a la sociedad catalana, que vivirá previsiblemente unas nuevas elecciones autonómicas adelantadas (las terceras desde 2012) al frustrarse los intentos de celebrar un referéndum. Es posible que al gobierno español de Mariano Rajoy y al propio independentismo les convenga la prolongación de la situación actual de parálisis (institucional y del gobierno autonómico), ya que del enfrentamiento más o menos estable y casi institucionalizado ambos extraen réditos políticos. Si Europa se mantiene unida y supera las amenazas del populismo antieuropeo, parece difícil imaginar un contexto internacional que favorezca una crisis constitucional agravada en España. Aunque los líderes del independentismo catalán pretenden distanciarse de los neo-populismos de otros países, lo cierto es que estos movimientos les han apoyado explícitamente (la Liga Norte, los Auténticos Finlandeses…) y que existe una complementariedad estratégica entre las fuerzas que desean un debilitamiento del proyecto europeo y quienes desean la disgregación de algunos estados-miembro.
Mientras tanto, si se generara un clima de diálogo, en España podría haber un consenso por un régimen lingüístico como el de Canadá, Bélgica o Suiza; por un Senado federal parecido al de Alemania; por un reconocimiento de las identidades singulares (y que cada uno las llame como quiera, relativizando y desdramatizando el uso del término “nación”); donde se delimiten bien las competencias de las distintas administraciones como sugiere la declaración de Granada del PSOE; con unos criterios de financiación e inversión territoriales más transparentes que los actuales; en una Europa con una política fiscal común, y un presupuesto digno de este nombre. Es dudoso que las fuerzas políticas actuales acepten negociar en un clima de buena voluntad un acuerdo formal de este tipo (aunque sus principios no estén muy alejados de su contenido) debido a los incentivos electorales que tienen.
Un federalismo español y europeo estable y robusto contribuiría a mejorar el contexto en que se desarrolla la cuestión catalana. Las soluciones ad hoc, los saltos al vacío y los parches temporales difícilmente resolverán los problemas de fondo. España podría ser mucho más estable, eficiente y productiva con este problema solucionado.
Detrás del rápido ascenso del apoyo al independentismo en los últimos años (pese a no superar en las elecciones y encuestas el umbral del 50% de los votantes) se halla el hecho, como afirma en su dossier sobre el tema el Financial Times, de que “a pesar de la aclamada transición de España desde la dictadura franquista a la democracia, todavía no ha construido un hogar plurinacional lo suficientemente cómodo para los pueblos cultural y lingüísticamente distintos. La España democrática les dio poderes reales. Pero para apaciguar a los nacionalistas españoles, se otorgó algún tipo de regla casera a otras 15 regiones. Los españoles, los catalanes y los vascos necesitan revisar la idea de convivencia”. El federalismo puede ser la salida.


miércoles, 21 de junio de 2017

Un dissabte federalista (per Siscu Baiges)


Quan s’acaben els cursos de les escoles, els instituts i les universitats no s’esgoten les opcions d’aprenentatge i formació. És temps d’escoles i universitats d’estiu. N’hi ha de molts colors. Alguns més subvencionats que d’altres. Alguns de més interès que d’altres. Alguns més originals i d’altres que repeteixen any rere any la mateixa música, el mateix missatge.
Federalistes d’Esquerres s’endinsa el proper 1 de juliol en la segona edició de la seva escola d’estiu. Ho fa en un estiu on el president de la Generalitat ha exigit els diputats i diputades que donen suport al seu projecte polític que no se’n vagin gaire lluny. Que potser caldrà actuar amb astúcia o per sorpresa si se’ls complica el camí cap al referèndum que ha convocat amb la pretensió que els ciutadans decideixin si Catalunya ha de ser una república independent d’Espanya.
D’aquesta aventura n’haurem de parlar el primer dia de juliol a la seu central de la UGT de Catalunya, a la rambla Santa Mònica, a Barcelona. Però no serà a l’hora de les sessions de treball. L’escola d’estiu que organitzem conjuntament amb Economistes davant la Crisi durà per títol: “Per un nou contracte social”. Del contingut d’aquest contracte i de qui l’ha de subscriure se’n parlarà en la taula que obrirà l’Escola d’Estiu. “Democràcia i sistema de pensions”, “Renda bàsica: una redistribució de la renda?”, “Cooperativisme, economia social i globalització” i “Federalisme i fiscalitat solidària”, són els temes que es tractaran a les altres quatre sessions de treball. 
Podeu saber qui seran els ponents accedint al programa de l’Escola. Les publicacions ‘Alternativas Económicas’, ‘Diari del Treball’ i ‘Economia Digital’, col·laboraran en aquesta proposta formativa i d’intercanvi d’idees a la qual us convidem. I, després, si podeu i voleu marxeu de vacances tant lluny com vulgueu. A vosaltres no us demanarà Carles Puigdemont que vingueu a treure-li les castanyes del foc aquest estiu.                  

domingo, 4 de junio de 2017

Quan el que fa mal és la realitat (per Francesc Trillas)

El jurista Xavier Arbós va recordar en un conversa amb Federalistes d'Esquerres, un seguit d'aspectes de la realitat que també han estat exposats amb fredor jurídica per la Comissió de Venècia però a la periodista Pilar Rahola li ha semblat que recordar la realitat era “fer mal”. La revolta dels somriures no s’hauria de deixar només per quan enfoca la CNN o quan fa la foto el satèl·lit Meteosat




Ens acaba de deixar un dels millors dels molt bons escriptors catalans en llengua castellana, Juan Goytisolo. En un dels articles que va escriure en els darrers anys, parlava de la tendència dels nacionalismes excloents a dividir les seves societats en bons i dolents. Segurament no ha tingut temps de comprovar-ho veient la reacció de la periodista Pilar Rahola a unes paraules del jurista Xavier Arbós. Davant dels calmats i acadèmics arguments d’aquest explicant les dificultats jurídiques d’un referèndum unilateral d’independència, la Sra. Rahola va reaccionar a Twitter dient que Arbós “no es cansa de fer mal”. Les reaccions de persones decents de totes les ideologies no s’han fet esperar.
Deia Goytisolo en aquell article, titolat “El sueño de una gran Andorra”:
Digámoslo bien claro: los nacionalismos exclusivos manipulan los sentimientos en detrimento de la razón y se encierran en el falso dilema entre lo bueno nuestro y lo malo ajeno. Aleccionado por mi ya larga experiencia de las identidades colectivas y mi subsiguiente desconfianza en ellas, mi antinacionalismo, ya sea vasco, catalán o español, me lleva a suscribir por entero el párrafo de uno de los manifiestos llegados últimamente a mis manos: “Queremos luchar por una Cataluña y una España diferentes, que hagan suyas las convicciones y la tradición progresista y de izquierdas de millones de demócratas, librepensadores, republicanos, catalanistas, socialistas, comunistas o anarquistas”. Creo que dos de los intelectuales peninsulares que más admiro —Pi y Margall, efímero presidente de la Primera República, y Manuel Azaña, nuestro último jefe de Estado libremente elegido— podrían estampar su firma en él”.
Ara una portaveu de l'independentisme català el protagonisme de la qual no sé si es justifica per les seves credencials professionals, acusa, als qui li recorden la realitat jurídica, de "fer mal". Efectivament, el jurista Xavier Arbós va recordar en una conversa ambFederalistes d'Esquerres, un seguit d'aspectes de la realitat que també han estat exposats amb fredor jurídica per la Comissió del Consell d'Europa sobre la Democràcia a través del Dret (o Comissió de Venècia), però a la periodista hipermediàtica Pilar Rahola li ha semblat que recordar la realitat era “fer mal”.
Persones de diferents ideologies polítiques han reaccionant criticant a la senyora Rahola pel seu tuit, especialment per produir-se contra algú que s'ha caracteritzat en tota la seva trajectòria professional per mantenir una posició constructiva, elegant i educada en l'exposició dels seus plantejaments.
La importància de mantenir el respecte en el debat col·lectiu s’oblida quan es posa per davant la voluntat d’arrasar com un carro de combat quan no es té l’hàbit de veure que els que pensen diferent també poden dir coses interessants. La revolta dels somriures no s’hauria de deixar només per quan enfoca la CNN o quan fa la foto el satèl·lit Meteosat. També seria important com a regla per gestionar la diversitat d’opinions ser conscients que la superioritat moral (considerar que el discrepant fa o encarna el "mal") s’hauria de deixar contra aquelles persones que ataquen el consens científic o constitueixen un greu perill per a la convivència ciutadana. No sembla que una persona tan preparada, pausada i amable com Xavier Arbós suposi un perill en aquest sentit.
Afegia Rahola que Arbós, catedràtic de Dret constitucional de la Universitat de Barcelona i persona amb una àmplia experiència internacional, no tenia el nivell d'un jurista independentista com Carles Viver i Pi-Sunyer, artífex d'alguns dels documents jurídics del procés independentista, pel que sembla no tots coneguts públicament. Amb tot respecte per la categoria professional d'aquest jurista, no sembla que les paraules de Rahola es vegin confirmades pel balanç que fins ara es pugui fer de l'impacte sobre la realitat dels plans jurídics del senyor Viver i Pi-Sunyer o de la seva capacitat per convèncer els seus parells a nivell internacional.
El fons de la qüestió aquí també és important: darrerament el referèndum tal com el volen fer els independentistes s’ha revel·lat com missió impossible, perquè no està previst en la legalitat democràtica vigent (i no ho estaria en cap legalitat constitucional del món, llevat d’Uzbekistan, Liechtstenstein, Etiòpia i Sant Cristòbal i Nevis), i aquells que n’atorguen l’aval internacional han recordat que no avalaran cap referèndum d’autodeterminació fora de la constitucionalitat homologada internacionalment. Per descomptat, la Constitució es pot reformar. Alguns intentem reformar-la perquè evolucioni en un sentit federal, i sabem que no serà fàcil. No està clar per què seria més democràtic que altres tinguessin una drecera i no s’haguessin de sotmetre primer al procediment democràtic per reformar la Constitució que hem de fer servir tots els altres.
La realitat és que el procés independentista arriba al seu suposat moment crucial (i ja en van…) més dividit que mai, amb més casos de corrupció pendents d’explicar que mai, amb menys suport internacional que mai, i amb menys suport a les enquestes que mai. És clar, que sempre poden comptar amb el Sr. Rajoy i amb el PP, als quals no els convé que la qüestió catalana entri en vies de solució, sinó que els convé que les brases segueixin amb un mínim de vermellor. Aquesta és la realitat, i això sí que fa mal.

viernes, 19 de mayo de 2017

El sistema de asilo en la UE ¿Hacia una solución federal? (por Gaby Poblet)

El viejo sueño de Spinelli de la Europa libre y unida aún no está del todo consolidado. La Unión Europea funciona como un artefacto político intergubernamental a través de acuerdos entre los gobiernos de los estados miembros. Aunque existen organismos supranacionales como la Comisión Europea y el Parlamento, el peso específico lo tiene el Consejo. Es esta forma de funcionamiento la que hoy en día no permite afrontar ni gestionar de forma eficaz y solidaria el derecho de asilo de las personas extranjeras que lo necesitan




Tuvo que pasar la Segunda Guerra mundial para forjar la idea de una Europa federal como unión de naciones. De la mano de esta idea nacía también el derecho de asilo, reconocido en la convención de Ginebra de 1951. Europa asumía entonces, que la protección internacional es una responsabilidad moral y política, y también una responsabilidad con la paz. Aunque hoy parece olvidado, el derecho de asilo se recogió en la carta de Derechos fundamentales de la Unión Europea (artículo 18), firmada en Niza en el año 2000. Y en su artículo 19 se suscribió la prohibición de las expulsiones colectivas, que reivindica el principio de no devolución, algo que también parece olvidado a cambio de impulsar políticas de externalización y readmisión, como es el Pacto con Turquía y otros pactos con países del norte de África. ¿Qué fue de aquellos valores de solidaridad de la Europa soñada por Spinelli?
Ocurrió que al tiempo que se redactaba la Carta de Derechos Fundamentales, se consolidaba el espacio Schengen y con él, la fortificación de las fronteras exteriores de la Unión Europea. Una gran frontera que remplazó a todas las demás. En el mapa de Europa quedó trazado “un espacio seguro” y cerrado dentro del cual las personas ciudadanas de los países firmantes podrían circular libremente y las personas bautizadas como “extracomunitarias” (provenientes de países no nacionales de la UE) no podrían acceder. Los países limítrofes, ejercerían de “guardianes” de toda la UE.
El Tratado de Schengen (1985) también trajo la necesidad del Tratado de Dublín, creado para racionalizar los procesos de solicitudes de asilo de acuerdo a la convención de Ginebra. Fue firmado en 1990 y reformado en 2003 (Dublín II) y en 2013 (Reglamento Dublín III). Este convenio es el que rige ahora para asignar el país en donde una persona puede tramitar su solicitud de asilo. Establece dos criterios prioritarios: tener familiares o disponer de permiso de residencia. En la práctica, estos criterios resultan muy restrictivos, por lo que predomina el tercer criterio, el del primer país de llegada. Esto es lo que hace que el sistema Dublín sea sumamente injusto, tanto para los estados miembros como para las personas solicitantes de asilo, ya que desplaza la carga hacia los países limítrofes en lugar de compartir la responsabilidad. En los últimos años las personas solicitantes de asilo se han acumulado en Italia, Grecia y Hungría, a la espera de una lenta “reubicación”, que a duras penas se fue pactando en el Consejo Europeo, no sin dejar de aflorar las mezquindades nacionales. Para controlar Dublín, en el año 2003 se creó el Sistema EURODAC, una base de datos de huellas dactilares de personas solicitantes de asilo y de personas detenidas en los controles Schengen. Con este sistema se puede saber por cuál país entró la persona y si ha solicitado asilo, ya que se puede pedir sólo en un estado miembro. Si la persona fue registrada en un país distinto del que quiere pedir asilo, Dublín establece que debe ser “transferida” al país donde se registró, que por lo general es el que entró. Por este motivo, muchas personas se rehúsan a dejarse tomar las huellas digitales y optan por continuar viaje hacia otros países del Norte como Suecia o Alemania, corriendo el riesgo de ser detenidas. El fracaso de Dublín hace tambalear el acuerdo de Schengen. Cabe recordar que algunos países optaron por cerrar temporalmente (solo pueden hacerlo durante seis meses) sus fronteras Schengen para que no pasasen las personas refugiadas, como lo hicieron Austria, Alemania, Dinamarca en su momento o Francia que de tanto en tanto cierra el paso de Ventimiglia.
Queda claro entonces que Dublín es un sistema totalmente ineficaz y nada equitativo, y además muy caro, ya que incluye el mantenimiento de EURODAC y los gastos de transferencias, detenciones y deportaciones. Pero lo peor de todo es que no garantiza los derechos de los solicitantes de asilo, ya que estos dependen de los estados miembros y ningún organismo supranacional vela por ello. Una alternativa que se discutió en la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo es que la agencia EASO (European Assylum Suport Office) amplíe sus funciones y sea una autoridad competente en una posible redistribución más equitativa, en la cual predominen las preferencias de las personas refugiadas. El problema esencial es, tal como han difundido los medios de comunicación desde hace casi tres años, la no aceptación de la obligatoriedad de las cuotas de personas refugiadas por parte de los estados miembros y la instrumentalización de la problemática por parte de grupos políticos de derecha y extrema derecha.
Pero además de Dublín, la Unión Europea cuenta con otros instrumentos menos mezquinos en materia de asilo, y que, de aplicarse, podrían solucionar la gestión de la protección internacional. Un ejemplo es la Directiva de Protección Temporal. Tras la guerra de los Balcanes, el parlamento europeo aprobó la Directiva 2001/55/CE que establece protección temporal en caso de afluencia masiva de personas desplazadas, pero que nunca fue aplicada en ningún estado miembro. En 2011, con la llegada masiva de tunecinos a las costas italianas, el gobierno italiano solicitó la aplicación de esta Directiva, pero no reunió el consenso necesario en el Consejo Europeo. Francia y Alemania alegaron que los tunecinos eran “migrantes económicos”. Tras los naufragios cerca de la isla de Lampedusa, se puso alguna otra excusa para no aplicarla.
Otro instrumento imprescindible que debería ponerse en práctica de forma urgente es la expedición del visado humanitario desde embajadas y consulados, algo básico y fundamental para que no siga muriendo gente en el mar. Para expedir visados humanitarios se necesita reformular la regulación del código de visados, una propuesta que ya ha pasado por el parlamento europeo en 2016, pero que el Consejo no está dispuesto a negociar. De todos modos, una posible reforma de la regulación del código de visados sólo armonizaría las reglas, sin que sea obligatorio para los estados miembros. La reticencia de los estados en otorgar el visado humanitario está muy clara, y se basa en sus competencias exclusivas sobre la gestión del control de sus fronteras nacionales, tanto a nivel material como simbólico.
Es evidente que el viejo sueño de Spinelli de la Europa libre y unida aún no está del todo consolidado. La realidad es que la Unión Europea funciona como un artefacto político intergubernamental a través de acuerdos entre los gobiernos de los estados miembros. Aunque existen organismos supranacionales como la Comisión Europea y el Parlamento, el peso específico lo tiene el Consejo. Es esta forma de funcionamiento la que hoy en día no permite afrontar ni gestionar de forma eficaz y solidaria el derecho de asilo de las personas extranjeras que lo necesitan.
Siempre me pregunto qué pensaría Spinelli si viera las imponentes vallas de la Europa Fortaleza que impiden el paso de personas refugiadas. Y es que con la idea de Europa y del Espacio Schengen como libre circulación, se produjo una paradoja: Europa, en tanto unión de estados-nación, reforzó – aunque no era la intención inicial – la idea de frontera, y por lo tanto también la idea de nacionalidad. Es decir, la globalización no abolió la territorialidad como modo de control, sino que por el contrario, la afianzó. ¿Qué pensaría Spinelli? Lo mismo que pensaba mientras el fascismo lo tuvo confinado: que no hay otro camino más que seguir construyendo “comunitarización”, tal como promueve el federalismo europeo, a través de estructuras supranacionales que velen por los intereses de las personas (y no de los estados) y a través de acuerdos solidarios que promuevan responsabilidades compartidas y equilibradas.

viernes, 5 de mayo de 2017

Extraños llamando a la puerta (por Beatriz Silva)


Las migraciones masivas no tienen nada de nuevo: han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Saber gestionarlas en un mundo cada vez más globalizado es lo que aborda el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman en uno de sus últimos ensayos en el que acusa al sistema de convertir a los refugiados en ‘personas superfluas’ o excedentes humanos




Nos enfrentamos a una crisis de la humanidad, y la única salida es reconocer nuestra creciente interdependencia como miembros de la misma especie y encontrar nuevas maneras de convivir en la solidaridad y la cooperación.
Es una de las reflexiones de ‘Extraños llamando a la puerta’, el último ensayo publicado en español por el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, fallecido en enero pasado a los 91 años.
A lo largo de 112 páginas, Bauman ahonda en la crisis de los refugiados, las posibles consecuencias de las olas migratorias que se harán más intensas en los próximos años y en las políticas de contención y rechazo que predominan cada vez más en el discurso político. Unas políticas que, a juicio del filósofo, pueden proporcionar una tranquilidad momentánea pero están condenadas a fracasar a largo plazo.
“No parece que los factores que las impulsan vayan a remitir”, recalca Bauman haciendo un repaso de los conflictos y las tragedias que están generando grandes flujos migratorios. Y, citando a Robert Winder, subraya que intentar detener con muros “a personas que buscan salvación frente a la tiranía, la persecución sangrienta y la pobreza inhumana” es como intentar parar las olas del mar con gritos.
Una de las reflexiones más interesantes que hace Bauman en relación a la crisis migratoria es la de acusar al sistema de fabricar “personas superfluas”, seres humanos que son tratados como excedentes que pueden ser aparcados en campos de concentración o tratados como patatas calientes que pasan de mano en mano, como quedó en evidencia con el acuerdo de marzo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía para devolver a las personas que conseguían alcanzar las costas griegas.
“La política migratoria va dirigida a consolidar una división entre dos categorías mundiales cada vez más cosificadas: por un lado, un mundo limpio, sano y visible; por el otro, un mundo de ‘restos’ residuales, oscuros, enfermos e invisibles. Los ‘restos’ pueblan innumerables campos, kilómetros de corredores de paso, islas y plataformas marítimas, y hasta cercados en mitad de desiertos. Cada campo está rodeado de muros, alambradas y vallas electrificadas, o funciona como una prisión de facto porque está aislado por inmensas extensiones vacías de tierra o mar a su alrededor”, constata Bauman.
¿Quién es responsable de esta situación? Todos nosotros porque somos presa de miedos atávicos que nos impulsan a rechazar a los extraños, a aquello que nos resulta desconocido, sobre todo si se trata de pobres o desheredados. Pero Bauman culpa especialmente a los políticos que alientan estos miedos. 
“Los refugiados siempre han sido unos extraños. Y los extraños tienden a causar inquietud porque son aterradoramente impredecibles, a diferencia de las personas con las que interactuamos a diario y de las que sabemos qué esperar”, señala añadiendo que la figura del refugiado enfrenta a los ciudadanos de los países más desarrollados a la incertidumbre: representan cada vez más una competencia indeseable por un bienestar que se vuelve más y más escaso como consecuencia de políticas económicas que aumentan la desigualdad y precarizan la vida de las personas.
Alentar estos miedos por parte de políticos sin escrúpulos explicaría, según Bauman, la trayectoria ascendente de la xenofobia, el racismo y el nacionalismo chovinista, y los asombrosos éxitos electorales de partidos y movimientos que las proclaman como el Frente Nacional de Marine Le Pen. “Ser francés es un característica (¿la única posible quizás?) que encumbra  a todos los compatriotas galos dentro de una misma categoría de personas (…) y las sitúa por encima de los extranjeros que están en parecidas condiciones de miseria pero son recién llegados sin Estado (…). El nacionalismo les facilita ese soñado bote salvavidas para su ajada o ya difunta autoestima”, nos dice.
También señala una evidencia: las migraciones masivas no tienen nada de fenómeno novedoso, han acompañado a la modernidad desde el principio de ésta. Y hace un llamado a recuperar el diálogo argumentando que las conversaciones que se entablan más allá de las fronteras pueden ser placenteras o enojosas pero su principal característica es que son inevitables en un mundo cada vez más atestado y globalizado.
“La conversación sigue siendo ‘la’ vía directa al acuerdo y, por ende, a la coexistencia pacífica, mutuamente beneficiosa, cooperativa y solidaria, simplemente porque no tiene competidores para tal cometido y, por consiguiente, ninguna opción alternativa viable”, concluye.