viernes, 19 de mayo de 2017

El sistema de asilo en la UE ¿Hacia una solución federal? (por Gaby Poblet)

El viejo sueño de Spinelli de la Europa libre y unida aún no está del todo consolidado. La Unión Europea funciona como un artefacto político intergubernamental a través de acuerdos entre los gobiernos de los estados miembros. Aunque existen organismos supranacionales como la Comisión Europea y el Parlamento, el peso específico lo tiene el Consejo. Es esta forma de funcionamiento la que hoy en día no permite afrontar ni gestionar de forma eficaz y solidaria el derecho de asilo de las personas extranjeras que lo necesitan




Tuvo que pasar la Segunda Guerra mundial para forjar la idea de una Europa federal como unión de naciones. De la mano de esta idea nacía también el derecho de asilo, reconocido en la convención de Ginebra de 1951. Europa asumía entonces, que la protección internacional es una responsabilidad moral y política, y también una responsabilidad con la paz. Aunque hoy parece olvidado, el derecho de asilo se recogió en la carta de Derechos fundamentales de la Unión Europea (artículo 18), firmada en Niza en el año 2000. Y en su artículo 19 se suscribió la prohibición de las expulsiones colectivas, que reivindica el principio de no devolución, algo que también parece olvidado a cambio de impulsar políticas de externalización y readmisión, como es el Pacto con Turquía y otros pactos con países del norte de África. ¿Qué fue de aquellos valores de solidaridad de la Europa soñada por Spinelli?
Ocurrió que al tiempo que se redactaba la Carta de Derechos Fundamentales, se consolidaba el espacio Schengen y con él, la fortificación de las fronteras exteriores de la Unión Europea. Una gran frontera que remplazó a todas las demás. En el mapa de Europa quedó trazado “un espacio seguro” y cerrado dentro del cual las personas ciudadanas de los países firmantes podrían circular libremente y las personas bautizadas como “extracomunitarias” (provenientes de países no nacionales de la UE) no podrían acceder. Los países limítrofes, ejercerían de “guardianes” de toda la UE.
El Tratado de Schengen (1985) también trajo la necesidad del Tratado de Dublín, creado para racionalizar los procesos de solicitudes de asilo de acuerdo a la convención de Ginebra. Fue firmado en 1990 y reformado en 2003 (Dublín II) y en 2013 (Reglamento Dublín III). Este convenio es el que rige ahora para asignar el país en donde una persona puede tramitar su solicitud de asilo. Establece dos criterios prioritarios: tener familiares o disponer de permiso de residencia. En la práctica, estos criterios resultan muy restrictivos, por lo que predomina el tercer criterio, el del primer país de llegada. Esto es lo que hace que el sistema Dublín sea sumamente injusto, tanto para los estados miembros como para las personas solicitantes de asilo, ya que desplaza la carga hacia los países limítrofes en lugar de compartir la responsabilidad. En los últimos años las personas solicitantes de asilo se han acumulado en Italia, Grecia y Hungría, a la espera de una lenta “reubicación”, que a duras penas se fue pactando en el Consejo Europeo, no sin dejar de aflorar las mezquindades nacionales. Para controlar Dublín, en el año 2003 se creó el Sistema EURODAC, una base de datos de huellas dactilares de personas solicitantes de asilo y de personas detenidas en los controles Schengen. Con este sistema se puede saber por cuál país entró la persona y si ha solicitado asilo, ya que se puede pedir sólo en un estado miembro. Si la persona fue registrada en un país distinto del que quiere pedir asilo, Dublín establece que debe ser “transferida” al país donde se registró, que por lo general es el que entró. Por este motivo, muchas personas se rehúsan a dejarse tomar las huellas digitales y optan por continuar viaje hacia otros países del Norte como Suecia o Alemania, corriendo el riesgo de ser detenidas. El fracaso de Dublín hace tambalear el acuerdo de Schengen. Cabe recordar que algunos países optaron por cerrar temporalmente (solo pueden hacerlo durante seis meses) sus fronteras Schengen para que no pasasen las personas refugiadas, como lo hicieron Austria, Alemania, Dinamarca en su momento o Francia que de tanto en tanto cierra el paso de Ventimiglia.
Queda claro entonces que Dublín es un sistema totalmente ineficaz y nada equitativo, y además muy caro, ya que incluye el mantenimiento de EURODAC y los gastos de transferencias, detenciones y deportaciones. Pero lo peor de todo es que no garantiza los derechos de los solicitantes de asilo, ya que estos dependen de los estados miembros y ningún organismo supranacional vela por ello. Una alternativa que se discutió en la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo es que la agencia EASO (European Assylum Suport Office) amplíe sus funciones y sea una autoridad competente en una posible redistribución más equitativa, en la cual predominen las preferencias de las personas refugiadas. El problema esencial es, tal como han difundido los medios de comunicación desde hace casi tres años, la no aceptación de la obligatoriedad de las cuotas de personas refugiadas por parte de los estados miembros y la instrumentalización de la problemática por parte de grupos políticos de derecha y extrema derecha.
Pero además de Dublín, la Unión Europea cuenta con otros instrumentos menos mezquinos en materia de asilo, y que, de aplicarse, podrían solucionar la gestión de la protección internacional. Un ejemplo es la Directiva de Protección Temporal. Tras la guerra de los Balcanes, el parlamento europeo aprobó la Directiva 2001/55/CE que establece protección temporal en caso de afluencia masiva de personas desplazadas, pero que nunca fue aplicada en ningún estado miembro. En 2011, con la llegada masiva de tunecinos a las costas italianas, el gobierno italiano solicitó la aplicación de esta Directiva, pero no reunió el consenso necesario en el Consejo Europeo. Francia y Alemania alegaron que los tunecinos eran “migrantes económicos”. Tras los naufragios cerca de la isla de Lampedusa, se puso alguna otra excusa para no aplicarla.
Otro instrumento imprescindible que debería ponerse en práctica de forma urgente es la expedición del visado humanitario desde embajadas y consulados, algo básico y fundamental para que no siga muriendo gente en el mar. Para expedir visados humanitarios se necesita reformular la regulación del código de visados, una propuesta que ya ha pasado por el parlamento europeo en 2016, pero que el Consejo no está dispuesto a negociar. De todos modos, una posible reforma de la regulación del código de visados sólo armonizaría las reglas, sin que sea obligatorio para los estados miembros. La reticencia de los estados en otorgar el visado humanitario está muy clara, y se basa en sus competencias exclusivas sobre la gestión del control de sus fronteras nacionales, tanto a nivel material como simbólico.
Es evidente que el viejo sueño de Spinelli de la Europa libre y unida aún no está del todo consolidado. La realidad es que la Unión Europea funciona como un artefacto político intergubernamental a través de acuerdos entre los gobiernos de los estados miembros. Aunque existen organismos supranacionales como la Comisión Europea y el Parlamento, el peso específico lo tiene el Consejo. Es esta forma de funcionamiento la que hoy en día no permite afrontar ni gestionar de forma eficaz y solidaria el derecho de asilo de las personas extranjeras que lo necesitan.
Siempre me pregunto qué pensaría Spinelli si viera las imponentes vallas de la Europa Fortaleza que impiden el paso de personas refugiadas. Y es que con la idea de Europa y del Espacio Schengen como libre circulación, se produjo una paradoja: Europa, en tanto unión de estados-nación, reforzó – aunque no era la intención inicial – la idea de frontera, y por lo tanto también la idea de nacionalidad. Es decir, la globalización no abolió la territorialidad como modo de control, sino que por el contrario, la afianzó. ¿Qué pensaría Spinelli? Lo mismo que pensaba mientras el fascismo lo tuvo confinado: que no hay otro camino más que seguir construyendo “comunitarización”, tal como promueve el federalismo europeo, a través de estructuras supranacionales que velen por los intereses de las personas (y no de los estados) y a través de acuerdos solidarios que promuevan responsabilidades compartidas y equilibradas.

viernes, 5 de mayo de 2017

Extraños llamando a la puerta (por Beatriz Silva)


Las migraciones masivas no tienen nada de nuevo: han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Saber gestionarlas en un mundo cada vez más globalizado es lo que aborda el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman en uno de sus últimos ensayos en el que acusa al sistema de convertir a los refugiados en ‘personas superfluas’ o excedentes humanos




Nos enfrentamos a una crisis de la humanidad, y la única salida es reconocer nuestra creciente interdependencia como miembros de la misma especie y encontrar nuevas maneras de convivir en la solidaridad y la cooperación.
Es una de las reflexiones de ‘Extraños llamando a la puerta’, el último ensayo publicado en español por el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, fallecido en enero pasado a los 91 años.
A lo largo de 112 páginas, Bauman ahonda en la crisis de los refugiados, las posibles consecuencias de las olas migratorias que se harán más intensas en los próximos años y en las políticas de contención y rechazo que predominan cada vez más en el discurso político. Unas políticas que, a juicio del filósofo, pueden proporcionar una tranquilidad momentánea pero están condenadas a fracasar a largo plazo.
“No parece que los factores que las impulsan vayan a remitir”, recalca Bauman haciendo un repaso de los conflictos y las tragedias que están generando grandes flujos migratorios. Y, citando a Robert Winder, subraya que intentar detener con muros “a personas que buscan salvación frente a la tiranía, la persecución sangrienta y la pobreza inhumana” es como intentar parar las olas del mar con gritos.
Una de las reflexiones más interesantes que hace Bauman en relación a la crisis migratoria es la de acusar al sistema de fabricar “personas superfluas”, seres humanos que son tratados como excedentes que pueden ser aparcados en campos de concentración o tratados como patatas calientes que pasan de mano en mano, como quedó en evidencia con el acuerdo de marzo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía para devolver a las personas que conseguían alcanzar las costas griegas.
“La política migratoria va dirigida a consolidar una división entre dos categorías mundiales cada vez más cosificadas: por un lado, un mundo limpio, sano y visible; por el otro, un mundo de ‘restos’ residuales, oscuros, enfermos e invisibles. Los ‘restos’ pueblan innumerables campos, kilómetros de corredores de paso, islas y plataformas marítimas, y hasta cercados en mitad de desiertos. Cada campo está rodeado de muros, alambradas y vallas electrificadas, o funciona como una prisión de facto porque está aislado por inmensas extensiones vacías de tierra o mar a su alrededor”, constata Bauman.
¿Quién es responsable de esta situación? Todos nosotros porque somos presa de miedos atávicos que nos impulsan a rechazar a los extraños, a aquello que nos resulta desconocido, sobre todo si se trata de pobres o desheredados. Pero Bauman culpa especialmente a los políticos que alientan estos miedos. 
“Los refugiados siempre han sido unos extraños. Y los extraños tienden a causar inquietud porque son aterradoramente impredecibles, a diferencia de las personas con las que interactuamos a diario y de las que sabemos qué esperar”, señala añadiendo que la figura del refugiado enfrenta a los ciudadanos de los países más desarrollados a la incertidumbre: representan cada vez más una competencia indeseable por un bienestar que se vuelve más y más escaso como consecuencia de políticas económicas que aumentan la desigualdad y precarizan la vida de las personas.
Alentar estos miedos por parte de políticos sin escrúpulos explicaría, según Bauman, la trayectoria ascendente de la xenofobia, el racismo y el nacionalismo chovinista, y los asombrosos éxitos electorales de partidos y movimientos que las proclaman como el Frente Nacional de Marine Le Pen. “Ser francés es un característica (¿la única posible quizás?) que encumbra  a todos los compatriotas galos dentro de una misma categoría de personas (…) y las sitúa por encima de los extranjeros que están en parecidas condiciones de miseria pero son recién llegados sin Estado (…). El nacionalismo les facilita ese soñado bote salvavidas para su ajada o ya difunta autoestima”, nos dice.
También señala una evidencia: las migraciones masivas no tienen nada de fenómeno novedoso, han acompañado a la modernidad desde el principio de ésta. Y hace un llamado a recuperar el diálogo argumentando que las conversaciones que se entablan más allá de las fronteras pueden ser placenteras o enojosas pero su principal característica es que son inevitables en un mundo cada vez más atestado y globalizado.
“La conversación sigue siendo ‘la’ vía directa al acuerdo y, por ende, a la coexistencia pacífica, mutuamente beneficiosa, cooperativa y solidaria, simplemente porque no tiene competidores para tal cometido y, por consiguiente, ninguna opción alternativa viable”, concluye.

viernes, 28 de abril de 2017

Cal recuperar la nostra història, per reconèixer-nos en el present (per Mireia Esteva)

El diumenge 2 d’abril, un grup de Federalistes d’Esquerres va visitar la platja de Argelès-sur-Mer que en 1939 es va convertir en un camp de concentració per a una part del més de mig milió de refugiats que van creuar la frontera després de la fi de la Guerra Civil. Reproduïm la intervenció de Mireia Esteva en l’acte d’homenatge a aquests milers d’homes, dones, nens i nenes que van estar reclosos en aquest lloc


A partir del 23 de desembre del 1938, es quan comença la desmoralització dels republicans. L’Exèrcit Popular de la República està desfet després de la derrota a la batalla de l’Ebre. Els primers dies de gener del 1939 van conquerir les Borges Blanques, Artesa de Segre i Pons. Les notícies de les primeres poblacions caigudes en mans dels feixistes són alarmants. Es parla de violacions, saqueigs, assassinats. Hi ha por, molta por, i no hi ha capacitat de contrarestar l’avanç.
El 14 de gener Tarragona ja és en mans de Franco. Les autoritats governatives saben que la derrota final és qüestió de dies i planegen la retirada. El Govern de la Generalitat inicia el camí cap a la frontera a finals de gener.
El dia 26 de gener Barcelona és ocupada. L’èxode de milers de catalans i de persones d’arreu de l’Estat que s’havien refugiat a Catalunya degut a l’avanç de la guerra, agafa dimensions tràgiques.
La majoria van fugir de Barcelona a peu, alguns amb cotxes o trens. Caminaven per la carretera amb nens a l’esquena, amb ferits, amb vells. Havien deixat les seves cases, la seva roba, els seus mobles, les seves feines, els seus amics, els seus morts mal enterrats. Perquè l’exili vol dir això: deixar-ho tot per salvar la teva vida. Venien vençuts i exhausts de la guerra civil, però malgrat això, al llarg de tot el camí, els avions militars metrallaven rasants la carretera i des de la costa, rebien les bombes dels vaixells feixistes. Molts va n acabar morts, escampats a la vora de la carretera o per les poblacions per on passaven
Quan van arribar a la frontera no els deixaven passar, encara que molts portaven salconduits familiars o per grups, fets a corre-cuita pel govern republicà o per la Generalitat. Els gendarmes els escorcollaven i es quedaven amb el que trobaven, retenien als que protestaven i separaven les famílies. Els que van travessar la frontera van trobar la por dels ciutadans francesos. La por dels pagesos acostumats a la tranquil·litat de pobles pagesos petits. En veure aquella munió de gent bruta i desarrapada, alguns tancaven finestres, d’altres eren solidaris i els donaven menjar i alguns avariciosos s’aprofitaven de la seva feblesa i es quedaven amb els diners o pertinences a canvi d’un tros de pa.
Els van portar aquí acordonats i amenaçats pels gendarmes i les tropes colonials franceses, d’algerians i senegalesos, massa semblants a les dels marroquins que acompanyaven al Franco.
A Argelers, quant hi van arribar els nostres pares, avis i besavis no hi havia res. Havia estat un camp de tir militar i el que més abundava era els casquets de plom de les bales. No hi havia cap construcció, tan sols les filferrades amb punxes de ferro que envoltaven el camp. Espai desolat, entre la filferrada i el mar, sobre la sorra, enmig del fred d’un hivern terrible i el vent gelat de les muntanyes del Canigó que clivellaven la platja amb vents de fins 140km/hora, que feien caure al terra als més febles.
Quan van arribar aquí, extenuats i amb els peus inflats es van deixar caure sobre la sorra humida. Uns arraulits al costat dels altres, sense conèixer-se. A vegades, compartint la manta sanguinolenta d’un mort o portant la roba d’un desconegut. Entre la gent n’hi havia de rics i de pobres, analfabets i literats, polítics, mestres militars i macarres. Hi havia catalans, andalusos, aragonesos, asturians i estrangers de les brigades internacionals.
Ningú els va donar ni menjar ni aigua, ni mantes ni aixopluc, ni llenya per encendre foc, però quan algun desesperat sortia del camp d’amagat per buscar alguna cosa, l’apallissaven. Es van menjar la poca herba que hi havia. De tant en tant, algun francès s’acostava al filferro i els donava un tomàquet o un tros de pa.
Van haver de fer forats a la sorra per protegir-se del vent, als que deien conilleres, embolicats amb les poques mantes que tenien, arraulits, tocant-se els cossos per escalfar-se.
Fins el 5 de febrer no es va obrir la frontera per permetre l’entrada dels combatents
De mica en mica, el que havia estat una platja buida es va convertir en un marasme físic i moral difícil d’imaginar: nens, joves, adults i vells, civils i militars, pagesos i intel·lectuals; éssers amb monyons que es desplaçaven sense pròtesi; milers de ferits, mutilats i malalts que arribaven en camions sobrecarregats, cotxes particulars, remolcs, carros i carretes. Quan un comboi entrava al camp i les fileres de soldats es fonien amb la multitud, els homes extenuats s’ajeien a la sorra i es tapaven amb els capots militars durant hores.
La majoria de la gent tenia la pell enganxada als ossos i els ventres inflamats per la desnutrició i quan menjaven els feia mal. Un got de llet i un rosegó de pa els feia vomitar. A la manca d’aliments i d’aigua potable, s’hi afegien les malalties, els paràsits, el fred i el cansament, l’afebliment a causa de la disenteria. A manca de latrines, tothom anava a la platja, però no gaire lluny perquè era hivern, i les onades retornaven tot a sobre la sorra, era un gos que es mossegava la cua. Els homes passaven corrents, aguantant-se els pantalons, però les dones hi havien d’anar acompanyades d’altres dones per evitar les mirades dels curiosos i l’assetjament sexual.
El temps passava lent i amb angoixa: llargues hores, on es barrejaven els gemecs dels ferits que encara tenien forces per queixar-se, els plors dels nadons, els comentaris dels graciosos, les baralles per una manta excessivament curta per tapar dos cossos, la molèstia obsessiva dels paràsits i els silencis depressius. Però cap gemec era més potent que l’ensordidor brogit del vent que bufava a les nits ficant-se a qualsevol forat, fent vibrar toldanes improvisades i planxes de zinc i enfurint les onades del mar contra els vençuts.
Al cap d’uns dies, van començar a arribar al camp camions amb pa i agua. Posteriorment, també bacallà sec
El 10 de febrer l’exercit feixista ja havia arribat a la frontera
Va ser la raó per la qual a partir del nou de febrer, durant més de cinquanta hores, Argelers va desaparèixer sota aquella humanitat maltractada. Un soroll obsessiu i continu sobre la carretera del mar. A les nits la gran serp humana s’escindia en grups que acampaven als bosquets de pins. Als matins, els camions de la República, fent grinyolar les suspensions i sobrecarregats al límit, forçaven els motors fins que la sorra els immobilitzava sense remei.
Deien que a l’entorn de mig milió de persones havien creuat la frontera, de les quals la meitat eren militars. Proporcionalment, cada cop hi havia al camp menys dones i nens i més homes.
La situació de les dones al camp es va tornar dia a dia més complicada, sobretot per dones embarassades sense possibilitats d’aconseguir menjar. Les dones amb nadons, sense llet per alimentar-los, eren assetjades a canvi d’un tros de pa i una mica de llet. Algunes venien objectes de valor a baix preu a canvi de llet per als nens o productes de primera necessitat. Llavors van decidir separar als homes joves i amb això a més de protegir les dones joves, també van separar les famílies.
La segona quinzena de febrer van arribar camions amb bombes per extreure aigua de la mateixa platja, amb uns tubs que calia enfonsar a la sorra quatre o cinc metres de profunditat. Va ser una alegria infinita, poder-se rentar i poder agafar aigua per beure. Alguns homes van ajudar a instal·lar-les. Però l’alegria va durar poc, ja que l’aigua que sortia estava mal filtrada, era salada, tothom es rentava a les bombes i l’aigua que tornava a la sorra es tornava a bombejar per beure. En pocs dies, de menjar pa florit i beure aquella aigua, uns setanta mil refugiats van agafar disenteria. Els mateixos dirigents polítics van prendre la decisió d’obligar tothom a despullar-se i banyar-se al mar, mentre els companys bullien la roba per eliminar infeccions i paràsits.
A partir del catorze de febrer es va autoritzar als refugiats amb parents o amics a França a sortir de l’internament dels camps a condició de no demanar cap ajut a l’Estat Francès. Per facilitar que la gent es busqués la manera de sortir del camp donaven dos segells al mes a cadascú. Però ni havia molts que a França no hi tenien res, ni diners, ni amics, ni feina. Després de tot el que havien viscut: fugint dels carrers de Barcelona enmig del foc; dels bombardejos a la carretera enmig de la corrua de gent, els morts entre les maletes i el fang i el pastitx de la neu, al costat de la fugida; els animals de càrrega, exhausts, rematats i menjats, molts gairebé no recordaven com havien arribat a aquell camp, ferits o arrossegats pels companys, semi inconscients. Res els feia por, per això, malgrat la prohibició d’aproximar-se a les tanques eren nombrosos els que s’evadien, encara que fos per fer un tomb o prendre un cafè com a persones lliures. Molts desesperats que no sabien a qui escriure, s’escapaven uns dies per trobar algú que volgués reclamar-los o per indagar on eren els seus familiars, o per enviar una carta que no volien que passés la censura del camp. La majoria de les evasions s’allargaven de dos a quatre dies. La cavalleria algeriana era l’encarregada de perseguir els fugitius i recorria les rodalies del camp incansablement. Els que tornaven eren acollits com herois pels altres refugiats, però el mínim que podien rebre dels soldats era una garrotada o una pallissa.
A partir del 18 de febrer, els comerciants de l’entorn van rebre permís de vendre productes al camp, i ben aviat habitants d’Argelers i d’altres pobles del voltant anaven amb el carro a vendre patates, embotits, mongetes seques i tot tipus de productes frescos.
Quan els refugiats van rebre els primers girs postals de familiars de França van començar a comprar conserves, paper per escriure, begudes, estilogràfiques, jocs de cartes, sabó i altres coses. Com a conseqüència, es va començar a organitzar la zona comercial, en una gran avinguda paral·lela al mar, que travessava de sud a nord el camp: al seu llarg s’instal·laren sabaters, cosidors, rellotgers, barbers, llibreries, i fins i tot una mena de taules on es bescanvien diners de la República per francs i on s’hi podia trobar calçat, roba, rellotges i tabac. Per això, la gent va començar a dir: A Cotlliure fa bon viure i a Argelers només si tens diners.
A partir de la tercera setmana de febrer van començar a arribar alguns materials de construcció. Els primers camions carregats de materials van ser assaltats i la fusta utilitzada per fer foc o arreglar-se les cabanes d’aixopluc. Els responsables polítics es van enfadar i tractaven d’animar la gent a treballar, per a construir dependències comunes i millorar les condicions generals. Van començar a treballar els brigadistes i al final, tothom hi va participar. No els havien portat eines, ni tan sols xerracs, i els fan haver d’improvisar amb retalls de llauna ondulada.
Van instal·lar, una barraca per dutxar-se de 20 en 20 amb regadores, d’ aigua gelada. Alguns tenien sabó, però d’altres, simplement es rentaven amb sorra. Sortien morats de fred i es vestien amb la mateixa roba que portaven, ja que no en tenien d’altra. Si rentaven roba ho feien a la nit i esperaven que s’eixugués embolicats en una manta, ja que la majoria de la gent només tenia la roba que portava posada.
Els sanitaris republicans i els metges de les Brigades Internacionals van muntar una infermeria sense medicaments. A la barraca hospital, al principi, els malalts estaven a terra embolicats amb una manta i només hi havia aspirines i pastilles Maggi per fer caldo, així que molts preferien no anar-hi.
Es van començar a organitzar per grups i professions: els barbers tallaven els cabells, els cuiners feien ranxo per a tots, els mestres feien classe als infants i alguns més cultes escrivien cartes pels que no sabien escriure. Hi havia qui tenia habilitats especials i construïa amb fusta una joguina per a un nen, o dibuixava uns plànols per construir una cabana, o fotografiava el camp, amb una mica de greix fabricava una llàntia, obtenia llum amb dinamos de bicicletes que aprofitaven la força del vent o esculpia escacs amb fustes portades pel mar. Les maletes trencades van passar a ser taulers de dames. Les bales de plom enterrades a la sorra es fonien i es feien servir per fer alguns objectes i avions de joguina.
El 25 i 27 de febrer el govern francès i el Regne Unit van reconèixer el govern espanyol franquista. La moneda republicana va deixar de ser legal i els documents emesos pel govern republicà, també. Els refugiats republicans van esdevenir d’un dia per l’altre indocumentats sense diners.
L’1 d’abril s’acabà la guerra civil
Les autoritats franceses van dir que volien sanejar el camp i van decidir buidar-lo. Van començar fent una fitxa de tothom i mostraven molta desconfiança amb els militants comunistes i anarquistes. Les batudes a la cerca dels que s’escapaven es van tornar molt dures i a molts els tornaven cap a Espanya o els portaven a altres camps de concentració. El prefecte del camp no s’amagava de dir que era partidari del Franco.
Mica en mica, el camp d’Argelers es va buidar d’homes útils. Les dones, els nens i els vells es classificaven dos grups: els que havien de retornar a Espanya i els que es podien integrar a residir a França. Cada dia sortien camions carregats de gent, molts van ser repatriats obligatòriament cap a Espanya i van acabar afusellats o en batallons de treball.
Alguns els van portar a altres camps on portaven els rebels i polititzats. Alguns van ser declarats aptes per viure a França i portats a camps de règim semiobert.
El 30 de juny es va tancar oficialment el camp per fer-ne un de nou, però s’hi van quedar a treballar uns 400 per reconstruir-lo.
Aquest camp, més ben organitzat, passaria per diferents fases, segons la situació de França en relació a la guerra europea.
Els espanyols, alguns es van escapar, tornar a exiliar amb l’entrada dels nazis, la majoria a Mèxic i Rússia. D’altres es van unir a la resistència francesa, altres van ser deportats a camps de concentració nazis, altres van entrar a les fàbriques per fer armament de guerra, i d’altres van anar a la Legió francesa.
Cal recuperar la nostra història, per reconèixer-nos en el present.

viernes, 21 de abril de 2017

Ante la tumba de Antonio Machado (por Carlos Jiménez Villarejo)

Intervención de Carlos Jiménez Villarejo ante la tumba de Antonio Machado en Colliure con motivo de la visita de un grupo de Federalistes d’Esquerres el 2 de abril de 2017


Atravesada la frontera, con su madre, su hermano José y su esposa Matea, por Port- Bou, finalmente exhaustos, llegan a Colliure donde encuentran alojamiento en el Hotel Bougnol-Quintana, que dirigía Pauline Quintana.
Su hermano, ante el estado ánimo del poeta dice: ”No podía sobrevivir a la pérdida de España. Tampoco sobreponerse a la angustia del destierro”.
Una tarde, Machado baja al Salón con una pequeña caja de madera, un joyero. Se lo entrega a Pauline y le dice:·” Es tierra de España. Si muero en este pueblo, quiero que me entierren con ella”.
Cuando Pauline trata de hacerle desistir, el poeta dice: “Mis días, Señora, están contados”
Machado muere el dia 22 de febrero a las tres y media de la tarde.
Ian Gibson, después de narrar la muerte del poeta, reproduce estos versos:
“Ciego, pidió la luz que no veía.
Luego, llevó, sereno
El limpio vaso, hasta su boca fría,
De pura sombra- oh, pura sombra- lleno.
El entierro fue estrictamente civil y de una sobriedad acorde con el pensamiento y la manera de ser del poeta.
Antes de su inhumación, Julián Zugazagoitia – un año después, fusilado por Franco- pronuncia un discurso fúnebre en medio de un dolorido silencio. Tras una emocionada semblanza de la vid y obra del poeta, concluye con una copla del poeta:
“Corazón, ayer sonoro,
¿ta no suena
tu monedilla de oro?
Desde nuestro infinito agradecimiento a la vida y obra del poeta, podemos concluir con estos dos grandes versos:
Vive, esperanza, ¿quién sabe
lo que se traga la tierra? y
Late, corazón, no todo
se lo ha tragado la tierra.

lunes, 3 de abril de 2017

Los Refugiados del Clima. Hacia una solución global (por Gonzalo Delacámara)

Desde 2008, una media de una persona por segundo se ha desplazado por desastres iniciados de manera súbita, la mayor parte de los cuales estaban relacionados con extremos meteorológicos o climáticos. Esta cuestión, que irá en aumento, necesita una solución a escala mundial y una aproximación federal que reconozca los derechos fundamentales de estas personas. Los refugiados del clima no son refugiados del clima en realidad sino de nuestra incapacidad para proporcionar una adecuada gobernanza de los recursos naturales y los bienes comunes


En 1915, el poeta estadounidense Edgar Lee Masters publicó Antología de Spoon River, una colección de breves poemas en verso libre que narra colectivamente los epitafios autobiográficos de los habitantes de Spoon River, un  pequeño pueblo de ficción en eso que hoy llaman ‘la América profunda’. Spoon River contiene más de doscientos personajes que nos cuentan cómo vivieron y murieron. Cada uno de ellos narra en primera persona su propio epitafio y reflexiona sobre la existencia; desde cada uno de esos breves relatos revelan la verdad que las convenciones sociales, el peso de la tradición, la inercia, las ideas míticas, les obligaron a ocultar en vida. Esa antología poética muestra que no hay mejor modo de conocer por qué tomamos las decisiones que tomamos, de indagar en lo universal, que experimentando la emoción de lo inmediato.
Lo inmediato estos días tiene que ver, entre otras cosas, con la afluencia de inmigrantes y refugiados a Europa. Por cierto, afluencia no masiva: el 89% de los refugiados del mundo es acogido por países en desarrollo. Se repite, de hecho, con insistencia que Europa padece una crisis de refugiados, cuando mi sensación es que son los refugiados quienes padecen la crisis de Europa.
Actualmente hay aproximadamente 70 millones de personas desplazadas de modo forzoso en el mundo, de los que unos 20 millones encajan en la figura legal del refugiado. Las cifras han crecido pero también se ha difuminado la frontera entre refugiados que huyen de conflictos bélicos, persecuciones de toda clase, Estados fallidos con economías en ruinas, situaciones de extrema violencia y aquellos que se ven desplazados por hambrunas, mal llamados desastres naturales y un intenso deterioro ambiental.
Desde 2001, el 60% de esos desplazados escapa de los mismos diez conflictos prolongados en el tiempo: Siria (con más de 12 millones de desplazados, entre internos y solicitantes de asilo en otros países), Colombia (todavía hoy con más de 6 millones de desplazados internos), Afganistán, Sudán del Sur, Somalia. Sin embargo, comienza a consolidarse la idea de que una fuente de desplazamientos masivos será, si no lo es ya, el cambio climático. 
Desde 2008, una media de una persona por segundo (hasta un total de casi 300 millones de personas) se ha desplazado durante periodos relevantes de tiempo por desastres iniciados de manera súbita, la mayor parte de los cuales estaban relacionados con extremos meteorológicos o climáticos (sequías, inundaciones, eventos de contaminación del suelo o del agua…). Se estima, de hecho, que el riesgo de esa clase de desplazamiento se ha duplicado en los últimos 40 años. El promedio de 26,4 millones de personas al año no incluye, sin embargo, aquellos desplazamientos ocasionados por los impactos de fenómenos climáticos de aparición más paulatina. En ese caso apenas solo existen estimaciones puntuales: por ejemplo, en Somalia, en 2011, 1,3 millones de somalíes se desplazaron internamente y 290.000 buscaron refugio fuera del país en el contexto de la sequía en el Cuerno de África, que ocasionó una hambruna y altos grados de inestabilidad.
El 6 de abril de 2017 discutiré con los asistentes al evento organizado por Federalistes d’Esquerres sobre ciertas ideas míticas que nos incapacitan para encontrar una solución a escala mundial a estos desplazamientos de refugiados. Los refugiados del clima no son refugiados del clima en realidad sino de nuestra incapacidad para proporcionar una adecuada gobernanza de los recursos naturales y los bienes comunes. Los llamados desastres naturales son en esencia desastres humanos ante fenómenos naturales y lo son, desde luego, en las consecuencias pero, del mismo modo, lo son también en las causas.
Si no somos capaces de privilegiar enfoques preventivos frente a enfoques reactivos, si no anteponemos las ideas de ciudadanía y justicia a la caridad, las voluntades colectivas a las individuales, si no entendemos lo arcaico de la idea de estado-nación, si no apostamos por una aproximación federal para el reconocimiento de los derechos fundamentales, si obviamos hasta lo insensato nuestra responsabilidad en el cambio climático y la debilidad de nuestras respuestas de adaptación al mismo, habrá muchos ciudadanos del mundo que nos contarán su vida como los habitantes de Spoon River.


Gonzalo Delacámara es director académico del Foro de la Economía del Agua 


viernes, 31 de marzo de 2017

Porqué tenemos que ir a Colliure (por Mireia Esteva)

El homenaje que haremos a Antonio Machado es también un homenaje a todos esos demócratas que creen en un mundo dónde la pluralidad es un valor, donde la libre expresión de las ideas es un bien a preservar. Queremos agradecer a los que  anónimamente están enterrados lejos de sus seres queridos, por luchar por valores que aún necesitan ser defendidos


El próximo 2 de abril, un grupo de Federalistes d’Esquerres de Badalona ha organizado una visita al cementerio de la población francesa de Colliure con el objetivo de rendir homenaje a Antonio Machado, que está enterrado en él.
¿Por qué se nos ocurre irnos a Francia a hacer un homenaje a Antonio Machado? Es muy sencillo: esa tumba sencilla situada en un pequeño cementerio de un lugar situado a solo 26 kilómetros de  la frontera española representa la diáspora del exilio español. Ese pueblo situado en la falda de los Pirineos, frente al mismo mar que baña nuestros pueblos del otro lado, y con la misma tramontana que la nuestra, no sólo acoge a un gran escritor español, que lo fue.
Machado también representa a esos miles y miles de refugiados españoles que tuvieron que huir porque defendieron un gobierno democrático frente al golpismo nacionalista homogeneizador de pensamiento único, que se adueñó de España a la fuerza. Ese nacionalismo que influido por las corrientes nacionalistas que recorrían Europa, representadas por Mussolini en Italia, por Hitler en Alemania, por el gobierno de Petain en Francia y por el gobierno de Salazar en Portugal, en España se materializó en el nacionalsocialismo  de Falange y Primo de Rivera y por el franquismo.
El nacionalismo español, defendido por la mayor parte de la iglesia, por caciques y terratenientes, tuvo miedo a perder los privilegios durante la República y no dudaron en levantarse contra el gobierno elegido democráticamente. Lucharon a favor de la República la mayoría de jornaleros y trabajadores, maestros, filósofos, literatos, científicos y librepensadores, que en muchos casos dieron su vida sin zapatos frente a un ejército bien pertrechado.
El nacionalismo homogeneizador franquista era centralista y totalitario y perseguía hasta la aniquilación al contrario. Definía, encasillando en roles predefinidos como era la mujer y el hombre, como debía ser una familia, como había que educar, que religión había que tener y como se debía adoctrinar en las escuelas. Porque el nacionalismo define quien es buen patriota y quién no. Al que no lo es, ni agua. El nacionalismo intenta homogeneizar a la población, construye patria y nación, clasificando a los ciudadanos en buenos y malos patriotas, según se ajusten o no a esas definiciones. El nacionalismo utiliza cualquier medio a su alcance para conseguir sus objetivos y la lucha por el dominio de su territorio está por encima de los derechos ciudadanos.
Al otro lado de la frontera vino Antonio Machado en enero de 1939, como muchos otros, con su madre enferma, con su hermano y cuñada.  Huía de Barcelona, ante la entrada de las tropas franquistas, donde se hallaba refugiado, habiendo huido antes del terrible asedio que vivió Madrid. En esa larga cola de gente que huía hacia la frontera se juntaron ricos y pobres, niños y abuelos, gente del norte y del sur, gente de la costa y del interior. En esa cola, huía la gente arrastrando a sus familiares enfermos y heridos. En esa cola huían casi sin nada, casi medio millón de personas, dejando atrás, mal enterrados a sus muertos, dejando atrás, sus vidas, sus casas, sus fotos. Esa gente que huía, hambrienta por el continuo asedio, aceptando la derrota, fue continuamente bombardeada hasta llegar a la frontera, dejando innumerables muertos en la cuneta, dejando sus mudas y sus carnes esparcidas por el campo. Preludio del sufrimiento de los ciudadanos que defendieron la democracia, en las poblaciones ocupadas por los golpistas nacionalistas.
Machado, cuando llegó a Francia, solo tenía dinero para sobrevivir un mes. Pero no lo necesitó porque estaba exhausto. Murió de pneumonia en un cuartito de pensión y a los pocos días murió su madre, a la que estaba cuidando. En ese cementerio, en la misma tumba están los dos. Sabemos dónde están y podemos rendirles homenaje. Hoy en día, mucha gente todavía no sabe dónde están sus muertos de esa guerra que no acabó con la victoria de Franco en 1939, sino que se alargó muchos años después, en una larga oscuridad que envió a republicanos a las cunetas sin juicio, o a trabajos forzados para reconstruir la España que los golpistas habían destruido, que obligó a emigrar de sus pueblos a gentes que se morían de hambre porque a un republicano no se le daba trabajo.

Sirva el homenaje que hacemos a Antonio Machado también como homenaje a todos esos demócratas que creen en un mundo dónde la pluralidad es un valor, donde la libre expresión de las ideas es un bien a preservar y también de agradecimiento a los que  anónimamente están enterrados lejos de sus seres queridos, por defender valores que aún ahora necesitan seguir siendo defendidos. El nacionalismo que fue durante la primera mitad del siglo XX, ahora vuelve adquiriendo nuevas formas y discursos, pero sigue queriendo levantar fronteras entre las gentes y homogeneizar a los ciudadanos, por eso algunos que tuvimos familiares o conocidos en el exilio, queremos hablar bien alto y claramente decir que las ideas no se fueron, que seguimos aquí e iremos a Colliure para recordarlos.

sábado, 25 de marzo de 2017

‘Canviem el rumb d’Europa’ (per Sara Jaurrieta)

Pensem que la resposta a la crisi no només passa per aprofundir en les relacions federals dins d’Espanya, on lliurement podem acordar quines competències volem per cada nivell de govern, sinó que pensem que aquest moment passa també per reforçar les relacions federals fora d’Espanya, a nivell europeu


(Intervenció de Sara Jaurrieta a l’acte ‘Canviem el rumbo d’Europa’ celebrat a Roma el 24 de març de 2017)


Aquesta setmana es commemora els 60 anys dels Tractats de Roma i demà tindrem ocasió de formar part d’aquesta Marcha por Europa que ens uneix a tots els europeistes.
És un marc magnífic, per tant, per poder compartir reflexions i anhels entre les persones i entitats que volem i reclamem més i millor Europa.
Federalistes d’Esquerres neix a Barcelona l’any 2012 quan un grup de ciutadans i ciutadanes van veure la necessitat d’obrir un espai federalista a Catalunya davant els esdeveniments polítics que s’estaven començant a donar en el nostre entorn.
Certs partits polítics començaven a intentar fer creure a la nostre societat que l’espai del diàleg s’havia esgotat i que tots els problemes (socials, econòmics i polítics) havien de trobar la solució en la independència de Catalunya respecte a la resta d’Espanya.
La crisi, com a tot arreu, havia deixat les seves seqüeles en la societat creant més atur, més precarietat laboral i més vulnerabilitat entre les persones.
El govern conservador espanyol va aprofitar aquesta situació de crisi per donar passes enrere amb polítiques centralitzadores i simplificant el debat públic mancant respecte a la pluralitat política i cultural.
Altres, federalistes, pensem que la solució passa per la cooperació i les aliances.
La nostra història i el nostre present com a societat està ple de governs que en moments d’incertesa i crisi opten pel reclutament. La conclusió comú que podem treure d’aquestes experiències és que han col·laborat a l’aïllament, a generar més divisions i a empobrir culturalment i socialment a les persones.
Pensem que la resposta a la crisi no només passa per aprofundir en les relacions federals dins d’Espanya, on lliurement podem acordar quines competències volem per cada nivell de govern, sinó que pensem que aquest moment passa també per reforçar les relacions federals fora d’Espanya, a nivell europeu.
En aquesta línia, creiem que cal dotar de més contingut polític i social a aquesta Europa que ha de ser capaç contínuament de donar respostes als reptes generats pels nous temps.
Des de Federalistes d’Esquerres pensem que l’espai pel diàleg és clau per avançar en aquesta direcció. Per això som una entitat que promovem la contrastació d’idees i les experiències existents.
Ara estem elaborant un documental ‘FEDERAL’ que el premiat director Albert Solé està fent per donar veu a persones d’arreu de món que han cregut i viscut les virtuts i els avenços que el federalisme ha aportat a la societat.
Des de Federalistes d’Esquerres també donem difusió a llibres, articles i debats que promoguin els valors del federalisme i la democràcia a tots els nivells: local, europeu i mundial.
En els darrers anys, malauradament només s’ha promogut amb recursos privats i públics un únic model d’organització: el nacionalista.
És per això que pensem que cal un debat just i ho fem apropant les activitats i actes a cada racó de Catalunya i d’Espanya (la setmana passada vam estar, per exemple, a Madrid).
Per combatre aquest pensament que vol ser únic treballem en xarxa amb grups federalistes dins i fora de Catalunya i Espanya.
Ens hem trobat amb molta gent que pensa com nosaltres que encara hi ha esperança en construir un futur millor des de la base de la fraternitat, compartint i coordinant visions i estratègies.
En definitiva, el que volem és una reforma de la Constitució espanyola que permeti desenvolupar un sistema federal en base als principis de la cooperació, la lleialtat institucional i la solidaritat entre els pobles d’Espanya.
Volem regenerar el model polític i institucional, fent-lo més democràtic i participatiu, respectuós de l’autogovern de les parts i de la plurinacionalitat d’Espanya.
I pensem que això ve de la mà de la construcció d’una Europa sense fronteres, federal, més justa i solidària. En altres paraules, que implica recuperar el llegat d’Atiero Spinelli, Ernesto Rossi i Eugenio Colorni.
Una Europa lliure i unida. Una Europa capaç de rescatar a les persones amb un Estat del Benestar que garanteixi la igualtat d’accés als serveis. Una Europa que sàpiga donar resposta als refugiats que fugen de la violència i la fam, buscant noves oportunitats.
El federalisme pot ser un projecte complex, però és l’únic que està donant respostes solidàries i eficaces enfront dels nacionalismes que hem conegut i patit.
El futur és federal i és allà cap a on volem anar.
Necessitem més Europa! No a les fronteres! No a les nacions!